Diálogos entre Educación, Cultura y Cuerpos desde una perspectiva de derecho

Alejandra Castiglioni, Vicepresidenta Administrativa del Comité Argentino de OMEP

Una conversación educativa contextualizada aloja la singularidad de cada niña y niño. Con ella la diversidad,  la referencia que enuncia el paisaje cultural propio y heredado lo que  es nuestro patrimonio y además, nos completa. 

Por su parte, la Diversidad se hace visible en  nuestros cuerpos y genera las más variadas representaciones que se ponen en tensión al relacionarnos, generando conflictos y consensos…ya que sugieren valoraciones arbitrarias que en muchos casos, generan estigmatizaciones, invisibilizaciones y negaciones producto de prestigios auto percibidos que perpetúan asimetrías sociales y desplazan hacia el abismo del distanciamiento simbólico consolidando dolorosas inequidades. Allí la oportunidad de gestar transformaciones en la trama del hecho educativo.

Esto habla de una  perspectiva de derechos, el derecho a la cultura, al juego, a la salud, a la identidad y a la educación que como menciona Mercedes Mayol Lassalle -en su efectivización- tracciona todos los demás.

Así la cultura se juega, se resignifica en la conversación  educativa,  donde aprendemos a cuidar nuestra salud y la naturaleza, a conocer  quiénes somos y  nuestra historia, a relacionarnos y a elegir como ciudadanos… por ello el acto educativo es un acto político para empoderar al niño, niña.. ciudadanos interculturales de hoy. 

Seres de transformación y no adaptación decía Freire, con derecho a legitimar su voz en la producción del conocimiento, lo que es legitimar sus cuerpos ya que en ellos se vivencia y se inscribe  la experiencia de transformación.

Educación e infancias se presentan como espacios privilegiados para saldar éticamente la brecha entre la cotidiana vulnerabilidad de tantos seres humanos y la literalidad de las leyes con que se enuncian sus derechos. Así construir la  equidad de las diferencias,  en la corresponsabilidad de vivir en el bien común.

Y detenernos ante la maravilla de la singularidad de cada niña y niño. Ellos portan un impulso vital insoslayable, trayendo rupturas e invitándonos siempre a un nuevo comienzo

Hace más de 70 años, y en actualidad,  desde OMEP militamos por un mundo de justicia,  amor y esperanza, esperanza que no es ingenuidad sino que es una espera crítica y comprometida, construyendo un nuevo orden, un nuevo amanecer.​

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