EL AÑO 2020, EL COVID-19 Y LA VACUNA DE LOS DERECHOS HUMANOS- Mercedes Mayol Lassalle

Es imposible que pensemos en el mañana, más próximo o remoto, sin que nos encontremos … “mojados” por el tiempo en que vivimos, tocados por sus desafíos, incitados por sus problemas, inseguros ante la insensatez que anuncia desastres, poseídos por una justa rabia ante las profundas injusticias que expresan… O también alentados por las manifestaciones de amor gratuito a la vida, que fortalecen en nosotros la necesaria esperanza. Paulo Freire, 1996

El fin del año 2020 me convoca a realizar un breve balance sobre lo que nos ha ocurrido como parte de la humanidad, como militantes de derechos humanos y como miembros de la OMEP.

Para las generaciones contemporáneas la experiencia de la pandemia de COVID-19 ha sido y sigue siendo un hecho inédito y casi increíble. La humanidad tenía cierta ilusión de control de sus múltiples padecimientos, en tanto que estos se desarrollaban a nivel local o regional y en países “poco mediáticos”. Sin embargo, la pandemia nos afectó frontalmente definiendo el contenido y el sentido de todas nuestras acciones y preocupaciones; y lo sigue haciendo, dado que aún no sabemos cuando se podrá terminar, definitivamente, con este flagelo. 

Hemos vivido un año crítico que ha marcado a la humanidad de muchas maneras. 

Además de los casi 73 millones de casos confirmados (a mediados de diciembre) y de las cuantiosas pérdidas humanas, la pandemia ha tenido efectos devastadores en las economías de los países y en el empleo, en los ingresos, en la salud pública, en el suministro de alimentos, en los lazos sociales, para cientos de millones de personas. 

Hemos retrocedido en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y con ello, en el alivio de la pobreza, las desigualdades, la degradación medioambiental, la situación de las mujeres y las niñas y por supuesto en el bienestar y el desarrollo nuestras infancias. 

Millones de niños, adolescentes y jóvenes dejaron de ir a la escuela y los más pequeños no accedieron a sus jardines de infantes, ni a otros centros para la educación y el cuidado de la primera infancia.

Para los bebés y los niños más pequeños la falta de acceso a la educación amplificó desigualdades, miedos, sufrimientos y desconciertos. Las personas enmascaradas, los cambios de hábitos cotidianos, la falta de los abuelos y otros familiares, el encierro y alejamiento de la naturaleza, la falta de juego con otros niños, la excesiva exposición a las pantallas, todo ha tenido consecuencias inextricables para el desarrollo y la salud mental y física de cada niño. 

Por otra parte, mantener la continuidad de los vínculos con sus maestros, cuidadores y profesores fue particularmente difícil, dadas las desigualdades enormes de acceso a dispositivos tecnológicos y conexiones de internet, pero también al hecho de que la comunicación y los aprendizajes en esta etapa evolutiva son primordialmente posibles a través del contacto humano, del “cuerpo a cuerpo”, del juego y de la presencia de niños y adultos. 

Por ello, debemos de ser conscientes de que las medidas de cierre de programas, sistemas e instituciones y el confinamiento hogareño han impactado de lleno en la vida cotidiana de las infancias y que todavía no comprendemos cuál ha sido la dimensión del impacto, ni conocemos qué han aprendido, o dejado de aprender. 

Sabemos que la pandemia afecta a todos, pero no de manera equivalente. Según la etapa evolutiva, las capacidades personales, las condiciones vitales y las redes familiares, institucionales y comunitarias, las vulnerabilidades individuales y sociales se constituyen e impactan en forma diferente y por ello requieren de distintos abordajes para afrontarlas de manera eficaz.

La falta de visibilidad social y política de la ciudadanía de la primera infancia ha sido un desafío para el bienestar y el desarrollo de los niños y para el trabajo de todos los que estamos comprometidos con su protección y su felicidad.

Resulta perentorio redoblar los esfuerzos por CREAR UNA NUEVA REALIDAD para las infancias, tal como OMEP lo planteó en el Documento de Posición: EDUCACIÓN Y CUIDADO DE LA PRIMERA INFANCIA EN LA ÉPOCA DEL COVID-19 ,capitalizando lo aprendido, asumiendo responsabilidades e incidiendo para proteger los derechos humanos de las infancias, desde el nacimiento, tal como lo plantea la Convención sobre los Derechos del Niño (1989)

Con motivo del 72 aniversario del Día de los Derechos Humanos, la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michele Bachelet, afirmó que existe una vacuna para el hambre, la pobreza, la desigualdad y para muchos de los otros males que enfrenta la humanidad. Es una vacuna que se desarrolló para enfrentar crisis mundiales masivas: pandemias, crisis financieras y dos guerras mundiales. El nombre de esa vacuna es “derechos humanos”. Sus ingredientes principales están incluidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el caso de la infancia, en la Convención sobre los Derechos del Niño. (https://www.ohchr.org/sp/NewsEvents/Pages/DisplayNews.aspx?NewsID=26580&LangID=s)

Este año 2020 ha quedado evidenciado, de una manera insoslayable, que la realidad de las infancias nos plantea la necesidad de intensificar nuestro trabajo para visibilizar y hacer posibles todos sus derechos, sabiendo que la educación es una herramienta central para lograr esta meta, sin dejar a nadie atrás.

Para finalizar recupero las palabras de Paulo Freire (1996) en el convencimiento de que esta lucha es una práctica basada en el amor desinteresado por la vida y por las infancias y el respeto absoluto por los derechos humanos. Por ello, en OMEP asumimos éticamente nuestra responsabilidad frente a “los nuevos” fortaleciendo en cada uno de nosotros la necesaria esperanza y la apuesta por un mundo justo para todos los niños desde el nacimiento. 

OMEP está lista para enfrentar con conocimiento y esperanza los desafíos del año 2021.

Mercedes Mayol Lassalle

Presidenta Mundial de la OMEP

Mercedes Mayol Lassalle es el Presidente Mundial de OMEP (Organización Mundial para la Educación Preescolar) desde el 1 de enero de 2020. Docente Nacional Normal, Licenciado en Ciencias de la Educación, Universidad de Buenos Aires. Ex Director del área de Educación Infantil de la Ciudad de Buenos Aires. Actualmente es Profesora de la Maestría en Educación Infantil de la Universidad de Buenos Aires y del Programa Regional de Capacitación en Planificación y Gestión de Políticas Educativas, IIPE-UNESCO Buenos Aires, Oficina para América Latina. Miembro electo del Grupo de Coordinación de la Consulta Colectiva de ONG sobre EDUCACIÓN 2030 – CCNGO / ED 2030.

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