Heterogeneidad, fragmentación y desigualdad: radiografía del cuidado y la educación de la primera infancia. – Adrián Rozengardt

El mapa del cuidado y la educación de la primera infancia es un territorio dinámico que se va transformando permanentemente. Un segmento de ese mapa lo conforman las instituciones que se constituyeron como el primer nivel dentro de la estructura de los sistemas educativos formales; pero no estaría completo si no se incluyera entre sus pliegues a las miles de experiencias organizadas, que se han multiplicado en las últimas décadas en ciudades y sus periferias; en zonas rurales, montañosas e islas; que se han instalado donde viven los niños y niñas más pobres, los que migran; los desplazados, los excluidos, los olvidados, los que quedaron solos, los que no llegan; donde dicen presente los que más necesitan ser cuidados, incluidos, protegidos y tenidos en cuenta. 1

La primera infancia cuenta con un importante lugar en la agenda pública, en todo el planeta. Su identidad sigue siendo debatida por pedagogos, académicos, gestores de la política, legisladores, organizaciones sociales y no gubernamentales y organismos internacionales públicos y privados.

Bajo esta identidad se agrupa una amplia variedad de instituciones, programas, servicios y políticas que dirigen sus intervenciones a niñas y niños desde su nacimiento y durante los primeros años de vida, ese entramado reproduce heterogeneidad, fragmentación y una profunda desigualdad. 

Heterogeneidad porque lo conforman instituciones y programas implementadas en múltiples capas históricas, desde la modernidad hasta estos tiempos pandémicos en que nos preguntamos sobre el destino de la humanidad. Un caleidoscopio de miradas y perspectivas que enriquece la construcción de ciudadanía desde el nacimiento. Lo heterogéneo es fruto de la necesidad y la demanda convertida en práctica, es lo opuesto a una respuesta única, uniformada y estandarizada, y es uno de los mayores aportes que tiene para ofrecer la educación inicial al mundo de la educación y al encuentro entre las generaciones. Los hay “formales”, “no formales”, “escolarizados”, “no escolarizados”, “estatales”, “privados”; dirigidos desde los más pudientes hasta los más pobres de los pobres. Las hay tradicionales, y las que confrontan con el status quo; poniendo en tensión saberes y modelos. Es un debate de sentidos profundos, se trata de cómo se identifica a los niños y niñas como sujetos, ciudadanos, seres humanos con derechos, y su lugar en el mundo.

Es fragmentado porque a lo largo y ancho del planeta, y en cada país, se organiza y gobierna desde múltiples dependencias institucionales, superpuestas y desencontradas; con vacancias normativas y opuestos criterios de regulación. Se observa fragmentación territorial y quiebres en la continuidad cuando hay cambios de gobiernos. Estas tensiones atentan singularmente contra la participación de las niñas, los niños, sus familias, educadores, instituciones, y áreas gubernamentales.  

Sin embargo, la desigualdad es la madre de todas las inequidades en la niñez. La heterogeneidad es un valor a ser apropiado y aprendido, la fragmentación es un obstáculo que puede ser asumido y transformado. Pero la desigualdad, que no se refiere solo a la medición del ingreso y al índice de Gini, sino a ese fenómeno multidimensional, complejo y estructural del capitalismo es la manta que cubre, invisibiliza y condena para siempre, a millones de niños y niñas pequeños. La desigualdad en el mundo de la educación y el cuidado de la primera infancia se expresa en la calidad de los servicios (sea cual sea la perspectiva de la calidad que se asuma); la irregular e insuficiente cobertura (tanto en la oferta, como en la demanda por parte de familias y mujeres); y el financiamiento, cada vez más limitado y mal distribuido.

Nos enfrentamos, como nunca, a las “desigualdades”, en plural, (como expresión de múltiples asimetrías), y a la “desigualdad” en singular, como fenómenos específicos. Las desigualdades se expresan de manera jerárquica, organizadas por la clase social y los ingresos familiares; y de manera horizontal, a través de la nacionalidad y ciudadanía, lugar de residencia y origen, género, raza, etnia, edad, religión, idioma. Las horizontales se suman y entrelazan con las jerárquicas.

Para un niño pequeño, las desigualdades más desafiantes son aquellas entre Estados nación.  Las posibilidades de vida, el acceso a bienes y servicios, incluso la esperanza de vida, difieren ampliamente según la suerte de haber nacido en un lugar o en otro. Esas desigualdades de nacimiento se refuerzan y endurecen en las políticas de migración y refugiados, y en los límites a la circulación de personas en el mundo. Se consolidan a nivel local, como trama siniestra de obstáculos al acceso a bienes y servicios de igual calidad y cantidad. 

Este ordenamiento de la desigualdad: global, nacional, local, es el resultado de fuerzas institucionales y estructurales que produce el actual orden jerárquico y generan dinámicas multiescalares y relacionales, centrando la atención en las interdependencias entre fenómenos de diferentes niveles: desde las tendencias históricas globales hasta las negociaciones locales. Los patrones locales de desigualdad (hogar y comunidad), no están aislados de las fuerzas nacionales e internacionales. La producción y la reproducción -pero también la impugnación y mitigación de las desigualdades sociales- reflejan interacción de (inter) dependencias globales, políticas nacionales y negociaciones cotidianas. Las unidades geográficas o político administrativas (municipio, Estado nación) no siempre alcanzan para resolver las desigualdades entrelazadas y dinámicas. Las cadenas de cuidado, y las formas de organizar las políticas dirigidas a la educación inicial, son ejemplos de unidades relacionales entrelazadas.

Sin embargo, y como aliciente para justificar la intervención académica, profesional, pedagógica y política, cabe resaltar que las desigualdades son un poderoso motor que provoca y acompaña la evolución histórica y las luchas sociales e institucionales contra la discriminación y la exclusión. 

Un llamado de atención: la intervención sobre las desigualdades se puede vincular tanto con las dinámicas de transformación y cambios emancipatorios e inclusivos; como con estrategias que dejen intactas las estructuras de la desigualdad. 

La dinámica de la transformación implica luchas por recursos y por significados, pero es necesario tomar en consideración las maneras en que opera y se refuerza la disputa simbólica y material. 2

1-https://www.buenosaires.iiep.unesco.org/es/portal/analisis-comparativos-lo-no-formal-en-la-atencion-y-educacion-de-la-primera-infancia

2- Repensar las desigualdades. Jelín, Motta y Costa. Siglo veintiuno. Buenos Aires. 2020

Adrián Rozengardt. Docente, investigador, Magister en planificación y gestión de políticas sociales, FLACSO. Doctorando en Ciencias Sociales de FLACSO Argentina. Coordinador del Programa interagencial de Naciones Unidas “Primera Infancia y sistema integral de cuidados. Ex Director nacional de primera infancia. Especialista en proyectos sociales con especialización dirigidos a la primera infancia, consultor para UNICEF, BID y UNESCO.

1 Comment:

  • Rut Kuitca / Responder

    Excelente! Felicitaciones Adrián por tus trabajos y Gracias por este artículo comprometido y desafiante!

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