Los hombres en la educación infantil: permitirles expresar su elección y compromiso- Comité italiano de la OMEP

Queremos compartir el contenido de una reflexión que estamos desarrollando en los trabajos del Comité italiano. De hecho, decidimos dedicar un compromiso importante y constante a este tema que percibimos como urgente y significativo.

Hablemos de las figuras masculinas en la educación. Hablemos, en particular, de los hombres que trabajan en educación infantil.

Según la información, sigue siendo escasa la cantidad de hombres que trabajan en el ámbito profesional de la educación y el cuidado de los niños desde el nacimiento hasta los ocho años; en la evidencia, se puede ver que son figuras poco frecuentes, incluso excepcionales en muchos contextos.

Sin embargo, hoy queremos hablar no solo de su ausencia general, sino más bien de su limitada pero significativa presencia.

Creemos que es aún más importante hacerlo ahora, en tiempos de un profundo cambio, para comprender mejor las verdaderas consecuencias subyacentes de un problema tradicional que sigue siendo generalizado.

En primer lugar, hablemos de este tema para reiterar, en esta nueva normalidad, la necesidad de contemplar la centralidad de la infancia, de manera que todos los adultos, independientemente del género, se comprometan con su protección y la promoción de su desarrollo. El compromiso de todos, en este sentido, es muy importante para alcanzar la paz, la prosperidad y el progreso en la sociedad.

Consideremos incluso que un hombre que cuida de un niño, que juega con él y lo educa es también un hombre acogedor, atento, pacífico y creativo.

Por otro lado, debatamos esta cuestión no solo desde fuera como observadores distraídos y desapegados que, solo de vez en cuando, detectan un problema evidente en la falta de figuras masculinas en los servicios que acompañan el crecimiento de los niños pequeños.

Situémonos más bien como oyentes atentos y observadores que participan de la trayectoria de aquellos hombres que eligieron una carrera profesional en este campo.

Hagámosles algunas preguntas: ¿Qué los motivó a tomar este camino? ¿Por qué quisieron formarse en esta profesión? ¿Llegaron a ella por casualidad —tras una experiencia concreta— o fue una elección consciente desde el principio? Nos son preguntas obvias. Y también: ¿Cómo los cambió el encuentro con los niños y cómo los sigue cambiando ahora? ¿Qué dificultades encontraron? ¿Con qué prejuicios se enfrentaron? Puede que nos sorprendan las respuestas. Sobre todo, dada su experiencia, ¿qué culturas de la infancia pueden contarnos hoy?

Escuchar su voz no solo significa romper el aislamiento debido a un estado de excepción, sino que significa incluir una perspectiva que enriquece nuestra visión y la completa en el debate que nos ocupa.

También significa cuestionar un orden de cosas establecido y que, en cierta medida, necesita ciertamente una renovación porque, si los hombres no avanzan en este campo —o, en todo caso, apenas lo hace—, algo debe estar fallando en nuestra visión y planificación.

Tememos que la perspectiva de recalificación de la profesión debido a la formación universitaria obligatoria no sea suficiente para que estos profesionales se motiven en esta elección desde el principio: también es necesario cambiar la mirada general. Debemos emprender un nuevo relato sobre el valor de la primera infancia y de los adultos que se ocupan de ella profesionalmente.

Por lo tanto, es importante hablar del tema de los hombres en la educación infantil a partir del movimiento silencioso y a menudo descuidado que los propios hombres están llevando a cabo, con humildad y seriedad, hacia la cobertura de aquellos roles que, tradicionalmente, se consideran una prerrogativa de las figuras femeninas.

Es un movimiento, aún no relevante cuantitativamente, pero cuya significancia y mensaje intrínseco son poderosos: debemos tener la inteligencia de notarlo y la fuerza para valorarlo.

Por esta razón, hoy queremos destacar la importancia de que, de forma deliberada e incluso valiente, estos hombres reclamen el deber y el derecho de compartir el compromiso, la responsabilidad, el esfuerzo y la alegría de educar y cuidar a los niños pequeños.

En esta conciencia renovada, es posible entonces forjar una alianza basada en la igualdad de género en el acceso a las profesiones.

Pensamos que, sobre la base de esta alianza, es posible lograr una liberación mutua y una afirmación en la que se aprecie plenamente la contribución de todos al papel central que la educación desempeña en la vida de mujeres y hombres desde la primera infancia.

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