Recomendación sobre la ciencia abierta- Josette Rome-Chastanet

En la 41a conferencia general, del 23 de noviembre de 2021, los 195 Estados miembros de la UNESCO, Organización de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura han adoptado por unanimidad una recomendación sobre la ciencia abierta (en francés).

Por medio de este texto, la UNESCO sitúa la ciencia abierta dentro de los valores humanos de equidad, diversidad y libre circulación del conocimiento que defiende.

La recomendación respalda una visión amplia e integradora de la ciencia abierta, cuyo núcleo son las publicaciones y datos científicos libres y abiertos, el software y los códigos fuentes, el hardware abierto y los recursos educativos abiertos. Además, promueve la participación abierta de los agentes sociales y el diálogo con sistemas de conocimiento no académicos.

Josette Rome-Chastannet, representante de la ONG Federación Mundial de Trabajadores Científicos (FMTC), ha contribuido a la reflexión y a los trabajos preliminares de la recomendación. A continuación, nos ofrece un resumen. 

La ciencia abierta es un movimiento mundial que pretende volver real y efectivo el principio de “la ciencia como bien común de la humanidad”.

La ciencia abierta, basada en el valor fundamental de la cooperación en lugar de la competencia, no puede estar al servicio de intereses geopolíticos que compiten de manera letal por la paz.

Es probable que los nexos de cooperación entre científicos y entre científicos y no científicos permitan y refuercen la paz y la igualdad entre los pueblos.

 * El primer principio de la ciencia abierta es el acceso libre y gratuito a las publicaciones y datos científicos, al agotar así la fuente de las grandes desigualdades que afectan al desarrollo de los continentes: ¡las grandes y adineradas universidades estadounidenses tienen acceso al 41 % mientras que toda África solo tiene acceso al 2 %!

* El segundo es la transparencia y el uso de los resultados de la investigación, que exige cooperación, intercambio, solidaridad e igualdad, al margen de fines lucrativos y destructivos, bajo una responsabilidad esencialmente pública. Por tanto, esto exige la responsabilidad social de los científicos y su derecho a oponerse a las innovaciones contrarias a la ética* y al bien común. 

* El tercero, y quizá el más innovador, es el vínculo entre ciencia y sociedad civil; el derecho al conocimiento debe estar garantizado para todos los pueblos, lo que hace imprescindible salvar las posibles distancias entre países. También existe la necesidad de integrar los conocimientos autóctonos y de usarlos adecuadamente. Y gracias a la confianza mutua que nace de la ciencia abierta, indispensable para una educación popular de alto nivel desde la primera infancia y para la sensibilización de todos a los métodos y razonamientos, que son la condición previa de ciudadanos bien formados y bien informados, más capaces de influir y participar en las decisiones democráticas a todos los niveles que conciernen a su vida y a la del planeta, la comunicación y cooperación entre científicos y no científicos, libres de presiones oscurantistas o anticientíficas, se ven favorecidas.

La ciencia abierta es una revolución sistémica que abre nuevos caminos para reconfigurar el mundo. En este sentido, nos interesa a todos dado que nuestro trabajo es quitar las piedras que nos impiden avanzar juntos.

La recomendación en inglés:

https://en.unesco.org/science-sustainable-future/open-science/recommendation

Josette Rome-Chastanet es miembro de la Federación Mundial de Trabajadores Científicos (FMTC), allí trabaja en los grupos “Energía, clima” y “Mujeres científicas”. Como representante de la FMTC de la Unesco, realiza investigaciones sobre agua, cambio climático, bioética y ciencia abierta junto a equipos de trabajo dentro de la Comisión Programática Mixta.

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