Tiempos difíciles para los derechos del niño- Michèle Olivain 

El 20 de noviembre, 32 años después de la firma de la Convención Internacional de los Derechos del Niño en la ONU, el balance 2020/2021 acerca del respeto y el progreso de los derechos de los menores de 18 años resulta muy pesimista.

Esta situación ya se venía deteriorando antes de la crisis del COVID con el incremento de las desigualdades, la pobreza y los conflictos que aún persisten, surgen o se extienden, con los cambios climáticos y ecológicos que repercuten en las poblaciones, con las migraciones que aumentan y son cada vez más peligrosas… La pandemia trajo consigo las restricciones de los viajes y el cierre de las escuelas, lo que ha cambiado y ha hecho más difícil la vida de los jóvenes.

Malestar

Con la reducción de la interacción social y el aumento de las dificultades en la escolarización, la crisis sanitaria ha afectado a los niños: en muchos casos, la violencia familiar y conyugal tiene consecuencias duraderas en su mente, lo que provoca miedo, ansiedad, sentimientos de impotencia y destrucción de la unidad familiar. Las agresiones sexuales, violaciones e incesto afectan a la dignidad de muchos niños y niñas. A su vez, el ciberacoso no ha cesado y ha tenido un mayor impacto cuanto más aislado se encuentra el adolescente frente a la pantalla. El 20 de noviembre, el Defensor de los Derechos Humanos publicó su informe anual sobre este tema, “La salud mental en los niños: el derecho al bienestar”. Más allá de los temores del COVID que siguen pesando en la mente de todos, las causas son más profundas, más generales y las respuestas de la sociedad en Francia y en otros lugares siguen siendo insatisfactorias: poca consideración de lo que el niño tiene que decir, poca formación en la detección y atención, poca atención a las señales enviadas por el niño, insuficientes servicios de escucha y atención (medicina escolar, centro médico psicopedagógico, psiquiatría infantil, servicios de psicología infantil para niños y adolescentes en los hospitales, servicios de apoyo, entre otros).

Abandono escolar

La UNESCO calcula que 259 millones de personas (de las cuales 59 millones están en edad de asistir a la primaria) no están escolarizadas. En todo el mundo, el cierre de escuelas ha provocado un nuevo descenso de la escolarización, sobre todo de las niñas, que representan las dos terceras partes de los no escolarizados. Además, muchas jóvenes no vuelven a la escuela porque se ven enfrentadas a una situación de matrimonio infantil, una forma de limitar la pobreza de la familia (según UNICEF, podemos esperar 10 millones más de matrimonios infantiles en los próximos 10 años). En los países de conflicto, esta práctica ha aumentado en el caso de los refugiados. En el caso de los niños, la práctica de ponerlos a trabajar se ha intensificado: la OIT y UNICEF estiman que, en los 4 años anteriores al 2020, unos 8,4 millones más de niños de entre 5 a 17 años estaban trabajando (un total de 160 millones, incluidos 89 millones de niños de 5 a 11 años, según informes de 2016/2020). Además de que 79 millones de niños tuvieron que hacer trabajos peligrosos.

Salud

La vacunación contra el COVID ha eclipsado otras vacunas: el acceso a la atención sanitaria se ha vuelto más difícil, si no imposible, y ha reducido las campañas de vacunación (contra el sarampión, por ejemplo). Hay más niños que sufren de malnutrición o desnutrición (unos 6 a 7 millones menores de 5 años). Además de las enormes desigualdades en el acceso a las vacunas contra el COVID entre los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo, se han reducido otros cuidados, especialmente en África, a pesar de los esfuerzos de la OMS. Sin embargo, se han hecho progresos y la mortalidad infantil se ha reducido en casi dos tercios en los últimos 20 años. No obstante, hay que tener en cuenta la importancia de los embarazos tempranos de adolescentes, que a menudo son anémicos, lo que pone en riesgo al bebé y a la joven madre, y provoca retrasos en el desarrollo. Además, este fenómeno afecta de igual forma a países desarrollados, como Estados Unidos.

Pobreza

La pandemia ha empeorado las condiciones de vida de los trabajadores, sobre todo en los países en vías de desarrollo, donde no se ha prestado atención a las consecuencias de la enfermedad. Se calcula que la pobreza infantil ha aumentado un 15%. En Francia, con más de 5 millones de pobres, entre ellos 1,5 millones de niños, hemos visto que la pobreza agrava todas las situaciones generadas por el COVID: viviendas demasiado pequeñas o insalubres, trabajos escolares imposibles de realizar por falta de material, recursos insuficientes para satisfacer las necesidades alimentarias, atención sanitaria que se pospone, entre otras.

A nivel mundial, casi un tercio de los niños, es decir, 665 millones, se ven afectados por la pobreza extrema en el África subsahariana (42% de la población) (sic).

Circunstancias agravantes

Todos los retrasos observados en el desarrollo se amplifican en el caso de los niños que se encuentran en zonas de conflictos o devastadas: refugiados, solicitantes de asilo, migrantes internos o externos. Las guerras, la inseguridad, el cambio climático y las catástrofes conllevan cada vez más desplazamientos de la población en la cual la mitad son niños (fuente: ACNUR). Estos niños representan 51% de los refugiados y desplazados, es decir, más de 42 millones de menores de 18 años, y 4 de cada 5 refugiados viven en países vecinos a su país de origen.

Esto es un golpe para todas las asociaciones y organizaciones que trabajan para mejorar las condiciones de los niños. El progreso de las últimas décadas parece haberse borrado. Por lo tanto, es necesario que todos nosotros, tanto los Estados como las organizaciones, seamos solidarios y nos comprometamos para luchar contra estos efectos destructivos y dar esperanza a estos niños, que son nuestro futuro.

Es cierto que la ayuda de la OCDE a los países en desarrollo (AOD) ha aumentado un 3,5% respecto a 2019. La ayuda a África y a los países menos desarrollados también aumentó (4,1% y 1,8%). La ayuda humanitaria aumentó un 6%. Pero la solidaridad sigue estando por debajo de las necesidades y objetivos fijados por la ONU: 0,7% del PNB/país, 0,55% para 2022. En 2020, Francia ha aumentado su participación (del 0,43 al 0,5% aproximadamente), pero sigue estando por debajo del objetivo.

Artículo de Michele Olivain, extraído de La Lettre d’EPP nro. 13.

Michele Olivain

Copresidente de Docentes por la Paz. Miembro de la junta directiva del Consejo francés de Asociaciones por los Derechos del Niño. Profesora jubilada de letras clásicas y sindicalista del SNES-FSU (Sindicato Nacional de Enseñanza Secundaria de la Federación Sindical Unitaria).

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